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Historia de Raldua

Cuando llego de España como inmigrante en 1912, José Raldua comenzó a trabajar como pintor y empapelador. Ya en 1915 se instaló con negocio propio de venta de pinturas y papeles pintados. El local inicial estaba ubicado en la calle Paraná esquina Uruguay de Capital Federal, donde vivía en el 1° piso con su familia.

Al ser una de las primeras casas en el rubro, el progreso fue muy rápido e importante. Al poco tiempo se abrió una sucursal en la calle Libertad esquina Lavalle. Un local lo regenteaba su esposa Balbina y el otro su hijo Miguel.

José Raldua se ocupaba de viajar asiduamente a Europa para comprar los papeles pintados, papeles imitación cuero repujado, afelpados, dorados y otros especiales. Hay libros de inventario donde se detallan las cantidades en miles.

En cuanto a la fabricación local, esta fue comenzada por la firma Iturrat, luego convertida en FPP, Alba, Carpenter con telas vinílicas y por último Muresco, que es la última en actividad.

En el año 1932 se unifican los locales en Libertad esquina Córdoba, ya con una sociedad inscripta como Miguel Raldua & Cia. Con Miguel como titular. Esos años fueron muy duros para la empresa por la gran crisis mundial. Una vez superada la situación la reactivación fue rápida.

Paso a ser Silvia, ahora como la cuarta generación Raldua, la encargada de viajar permanentemente visitando las mejores fábricas de papeles de Europa, Estados Unidos y Canadá para importar las mejores colecciones del momento. Por esa época se contacta con diversas casas del interior del país para representarnos ofreciendo nuestras colecciones, principalmente en Córdoba, Tucumán, La Plata, Salta, Mendoza, Rosario y Mar del Plata. -

Cerrado el Bs.As. Design la actividad continua actualmente con el mismo éxito en el local de la calle Salguero 2927, con la dirección de Silvia y Miguel A. Raldua, tercera generación de migueles. Se cuenta ahora también con un depósito propio para resguardar los miles de rollos importados en stock, y base para reparto a domicilio y atender los trabajos propios de empapelado que cubre la empresa, supervisados por Miguel Agustín.

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Algunas anecdotas

You didn’t come this far to stop

Durante la segunda guerra había que rezar para que el barco que traía los papeles desde Europa no fuera hundido por los submarinos alemanes. Se rumoreaba familiarmente que José Raldua en sus incursiones a Europa para comprar papeles se acordaba el último día de estadía y compraba a bulto estanterías enteras sin mucho detalle de elección. Por suerte la variedad de gustos y colores era para entonces muy limitada, básicamente azules, bordo y dorados.

En la época en que estaban cerradas las importaciones se encargaba a la fábrica diseños propios exclusivos para diferenciarse de la producción estándar nacional, siendo los más comentados del momento los bastones verticales en blanco y negro, una gran audacia para la época. Luego, en otras combinaciones de colores, fueron copiados por la misma fabrica.

Había una gran competencia entre dos empapeladores recomendados por la casa, Uno era Avelino Fernández y el otro Roussal. Eran tan buenos profesionales que llegaban a recortar bastón por bastón de un papel rayado para compensar diferencias de medida entre pared y pared.

En la época del peronismo, hubo que anexar actividades no tan afines a la decoración para sumar ingresos pues la importación estuvo cerrada mucho tiempo. En esos años en Libertad y Córdoba se ofrecía en exhibición y venta en una vitrina, marfiles y piedras duras, seleccionadas y compradas por Miguel Raldua padre, muy entendido en la materia.

Otra actividad que anexa fue la comercialización de trencitos eléctricos. Fue durante mucho tiempo una ser tan importante como la actividad principal del local. Se inició luego de presentar como atractivo en la vidriera un trencito funcionando y la gente entraba a querer comprarlo. Inicialmente se vendían trenes usados comprados a particulares que los traían de Europa hasta que se pudo importar directamente a la fábrica Mârklin de Alemania.

Los trenes de “Raldua” llegaron a tener tanta relevancia que se fundó un club de hobbistas llamado Raltren Club que aún existe hoy en día.

Una original publicidad fue “SI COLOCADO NO LE AGRADA, RALDUA PAGA”. Consistía en garantizar al comprador de los papeles que si una vez colocado no le gustaba podía reemplazarlo por otro sin costo alguno, siempre que no hubiera habido fallas evidentes de colocación. Casi no se tuvieron reclamos al respecto durante los años que duro la oferta.

Un accidente grave se sufrió en el local de Córdoba y Libertad. Una mañana nos encontramos que un colectivo de la línea 39 había entrado al local por la vidriera de la esquina, y llegando hasta el mostrador de atención a los clientes. Eso no fue todo, una rueda desprendida del vehículo rompió la otra vidriera de la calle Córdoba. La reconstrucción del local y las vidrieras llevo más de diez días. Se efectuó una renovación total del local y simultáneamente se dejó de trabajar con los trencitos eléctricos para operar enteramente con papeles pintados.